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19/07/2012
Mojácar, el pueblo almeriense donde vivir una forma diferente de hacer turismo en los Apartamentos El Gran González |
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Mojácar es una ciudad a la que siempre se acaba volviendo. La mayoría de parroquianos de hoy fueron en su días visitantes que volvieron una y otra vez hasta que finalmente se instalaron y se convirtieron en mojaqueros de origen, cuyo pedigrí consistía en dejarse influir por el espíritu de una tierra que nunca perteneció realmente a ninguna otra tierra más que a ella misma. Y esto viene ocurriendo desde hace unos cuatro mil años, cuando los fenicios y un poco antes los muchachos del Argar hollaron estos paisajes marcianos en busca de una calidad de vida que acaso no encontraban en otros lugares.
La minería y la agricultura hicieron de Mojácar un pueblo rico en el que era fácil vivir no solo por el clima amable y acogedor de que disfruta, sino por la ancestral hospitalidad con que ese clima ha contagiado siempre a sus habitantes. Nadie se siente realmente extranjero en Mojácar. Como si de un lugar fuera del mundo se tratase, su carácter cosmopolita goza de una condición doméstica y cercana, casi familiar, que se impregna en el aire y las casas como la cal blanca de las fachadas. Antes de que los romanos descubrieran este asentamiento humano, era conocido como Murgis, nombre de origen íbero, y ellos, atendiendo a la espectacular orografía del terreno, le añadieron la palabra Acra, Murgis Acra, que significa Murgis en las alturas, pues está situado en la estribación norte de Sierra Cabrera, una de las sierras más jóvenes y díscolas de la región, dominando desde las nubes una gran extensión de terreno que, poco a poco, el río Aguas fue arrebatando al Mediterráneo y haciendo de él una llanura muy fértil. En una antigüedad relativamente remota, Mojácar se encontraba situada en el cerro conocido como Mojácar la Vieja —nadie debería perderse las vistas que se disfrutan desde el mirador de la plaza, en cuyo campo de visión se halla dicho cerro, cuajado de restos arqueológicos que por lo visto no interesan a nadie—, y cuentan que a sus pies está enterrado el antiguo puerto. La cultura árabe que durante tantos siglos vivió por aquí simplificó el nombre en una sola palabra cuyo sonido era Moxacar, de la cual los castellanos despejaron la equis y la convirtieron en una letra que se baila en Aragón, Navarra y Valencia principalmente. El esplendor de Mojácar se hundió en la segunda mitad del siglo XVIII debido a la sequía y al agotamiento de las minas de plata de la cercana Urcis (Pulpí). En la actualidad tiene un censo de unas tres mil personas, pero en aquella época vivían más de diez mil criaturas. Se produjo una gran emigración a Sudamérica y a Europa, un auténtico éxodo, y la ciudad no volvió a gozar de su merecido esplendor hasta que fue descubierta por una generación de artistas encabezada por Jesús de Pércebal, descubridor del tótem Indalo, de raíz ibérica “Inda”, rupestremente dibujado en las cuevas de los Letreros y de Ambrosio. Indalo hace referencia a fuerza y a poder, y se trata de un hombre muy fuerte y poderoso que sostiene entre sus brazos el arco iris, el signo de que la tormenta pasó sin acabar con la vida de nadie. La gente todavía pinta o cuelga en sus fachadas este símbolo de seguridad ante las adversidades. Después de los artistas llegó el verdadero turismo, al principio tímidamente, un turismo alternativo que buscaba lugares apartados del desarrollo urbanístico que había experimentado el litoral andaluz, y muchos aprovecharon la política de expansión de un alcalde aperturista que puso en venta los lugares más hermosos y mágicos a precios muy reducidos. Al mismo tiempo, junto al mar se desarrolló un nuevo núcleo urbano que a día de hoy tiene más de cinco kilómetros de largo. Pero no hubo grandes especuladores, sino pequeños y ricos amantes de la belleza y la calma. Mojácar estaba demasiado lejos de Murcia y demasiado lejos de Almería, y era como una provincia en sí misma, el emblema social de un trozo de vida que va desde Cabo de Gata-Nijar (declarado Parque Natural en 1987) hasta la desembocadura del río Aguas. Todavía en los años ochenta podían verse a las mujeres de Mojácar ir a por agua a la fuente con sus enormes cántaros sobre la cabeza y sus espectaculares pañuelos amarillos. El homenaje a esta tradición tan recientemente desaparecida la podemos encontrar en la plaza de la Igleisa y en la plaza del Rey Alabez, y es algo que yo recomendaría a mis amigos, al igual que la visita a la fuente propiamente dicha, algo de verdad digno de ver y de beber. Muy lentamente, el turismo se democratizó como casi todo en este país, y los turistas alternativos, que ya no eran turistas sino habitantes de pleno derecho, vieron cómo el dinero y las inversiones aumentaron con un visitante familiar y foráneo que pronto se convirtió en turismo de fiesta. Pero el espíritu hospitalario, amable y simpático de Mojácar también se les apareció a los nuevos descubridores como un tótem de diversión garantizada. Actualmente, la zona cero de la misma se encuentra en la playa de El Cantal, junto al camping del mismo nombre. Locales y chiringuitos como Mandala, Maui, Aku Aku o el Patio 2000 entre otros son un reclamo constante para jóvenes de todas las edades. Uno de los primeros turistas alternativos que comprendió que era muy difícil disfrutar de una buena calidad de vida sin apenas agricultura, sin puerto pesquero, sin minas, y con una política urbanística afortunadamente muy respetuosa con el entorno, fue El Gran González. Sus apartamentos turísticos, dúplex de una y dos habitaciones con capacidad para 2/4 y 4/6 personas, se encuentran justamente en los Lomos del Cantal, a vista de caracol de los imponentes cabezos de Sierra Cabrera. Dicen que si esta sierra luce montera, llueve aunque Dios no quiera. Y suele ser verdad. No obstante, el acogedor clima de la zona permite que la estancia sea buena en cualquier época del año, aunque el abajo firmante prefiera Septiembre y Otoño, o Primavera y Junio, cuando los días todavía son largos, la temperatura del mar, cálida, y los chiringuitos están abiertos. Pero la fiesta y la tranquilidad no están reñidas en Mojácar; junto al estruendo de los dj de moda, podemos encontrar playas vírgenes, algunas de muy difícil acceso, y ramblas donde la música la ponen únicamente las chicharras y esa vibración sonora del aire que solo el monte bajo y semidesértico del levante almeriense es capaz de producir. Visite la web www.elgrangonzalez.com, pinchando sobre este enlace. Más información sobre los Apartamentos El Gran González, pinchando sobre este enlace. Autor del texto: Antonio Romera |
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